Interior de la estructura cilíndrica del memorial de las víctimas de los atentados del 11-M en la Estación de Atocha | Mireya Toribio, CC BY-SA

Siete imágenes para entender la construcción de la memoria colectiva del 11-M

Aunque la magnitud del atentado ha hecho que a veces los damnificados sean reducidos a cifras, se trata de personas con nombres, vidas y proyectos.

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Mireya Toribio Medina, University of Birmingham

En el interior del Parque del Retiro de Madrid se erige una señal que no existía 20 años atrás. Indica la ubicación del Bosque del Recuerdo, un espacio que evoca los atentados yihadistas perpetrados el 11 de marzo de 2004. Como este, son varios los lugares que conmemoran a sus víctimas en la capital de España. Una mirada cercana a dichos sitios de memoria y sus transformaciones puede documentar la manera en la que la sociedad recuerda este y otros episodios violentos. Identificar tales cuestiones puede servir para abordar mejor las consecuencias de la violencia y la atención a las víctimas.

En los tres minutos que transcurrieron entre las 7:37 h. y las 7:39 h. de la mañana del jueves 11 de marzo de 2004, diez bombas hicieron explosión a bordo de cuatro trenes de Cercanías de Madrid. 192 personas perdieron la vida. Otras 1 841 sufrieron lesiones de diversa consideración. El 3 de abril siguiente, siete de los terroristas se suicidaron haciendo detonar varias cargas de explosivos al verse rodeados por la policía. La deflagración mató a un agente e hirió a 34 personas más –14 agentes y 20 vecinos–. En 2014, otra víctima falleció tras diez años en coma.

Aunque la magnitud del atentado ha hecho que a veces los damnificados sean reducidos a cifras, se trata de personas con nombres, vidas y proyectos. Una de las maneras con las que la sociedad responde a acontecimientos traumáticos como este es la memorialización de sus víctimas a través de la creación de espacios de recuerdo.

Las postrimerías de los atentados estuvieron marcadas por expresiones de solidaridad. Altares improvisados brotaron allí donde habían explotado las bombas. Debido a la envergadura que llegaron a alcanzar, el problema que planteaba su mantenimiento y la dificultad de enfrentarse a ellos a diario para los trabajadores, meses más tarde fueron sustituidos por una alternativa virtual: los espacios de palabras. Los originales fueron preservados a través del proyecto El Archivo del Duelo.

Los memoriales espontáneos dieron paso, así, a otros institucionalizados: una miríada de monumentos con vocación de permanencia. No obstante, la voluntad unívoca de conmemoración se vio marcada por otros factores: el ataque había tenido lugar en un contexto político complejo, tres días antes de unas elecciones generales y en un país marcado por décadas de violencia terrorista.

Por una parte, algunos sectores de la sociedad llegaron a cuestionar las investigaciones judiciales dando pie a infundadas teorías de la conspiración. Por otra, el proceso estuvo marcado por la falta de consenso en torno a la manera de abordar esta tarea: ¿Debían recordarse todas las víctimas del terrorismo en España o solo las del 11M?

En el primer aniversario de la masacre (2005) se inauguró el Bosque del Recuerdo, una composición formada por 192 olivos y cipreses presidida por una placa que homenajeaba a “todas las víctimas del terrorismo”. En el decimoctavo aniversario de los atentados (2022), otra inscripción en “homenaje a las víctimas de los atentados del terrorismo yihadista del 11 de marzo” fue situada junto a la primera. Con el paso del tiempo, el espacio fue resignificado fruto de los desacuerdos.

Vista frontal del Bosque del Recuerdo. Mireya Toribio., CC BY-SA

En 2005 se erigió un memorial en el lugar donde se había emplazado un hospital de campaña en San Agustín del Guadalix. Años después, sería reubicado en las inmediaciones del cuartel de la Guardia Civil de la localidad. En 2018 se colocó sobre dicho monumento una nueva placa con los nombres de los 248 guardias civiles asesinados por la violencia terrorista en España –210 de ellos a manos de la banda terrorista ETA–.

Vista del monumento de Atocha desde el exterior. Mireya Toribio., CC BY-SA

En el tercer aniversario (2007) fue inaugurado el Memorial de la Estación de Atocha. El debate sobre a qué víctimas habría que rendir tributo también tuvo lugar durante su planificación. El proyecto escogido consistía en una estructura cilíndrica de 11 metros de alto que albergaba en su interior los nombres de las víctimas fallecidas en el 11-M y los mensajes, en diferentes idiomas, que habían dejado los ciudadanos en los días siguientes a los ataques.

Su complejo mantenimiento sumado a los desacuerdos entre las administraciones encargadas de su preservación hicieron que en pocos años el deterioro se convirtiese en su característica principal. En 2019, el Ayuntamiento de Madrid acometió una importante renovación. No mucho después, en 2023, el gobierno autonómico anunció su retirada definitiva –y un nuevo proyecto de memorial– con motivo de las obras de reforma de la red de metro. 2024 vería el desmantelamiento de la instalación que debía preservar la memoria de las víctimas del 11-M del paso del tiempo.

La falta de consenso en torno al recuerdo de los atentados se ha reflejado también en los actos de conmemoración. En el último aniversario, además de los homenajes que se organizaron en diversas localidades, varios diferentes se celebraron en la capital. El 11 de marzo de 2023 los tributos comenzaron en la sede de la presidencia regional. Otro, organizado por la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, tuvo lugar poco después junto al monumento de Atocha. Y el Bosque del Recuerdo acogió, como en años anteriores, el homenaje organizado por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. En este último se rindió homenaje tanto a las víctimas del 11-M como a las de ETA, pero también se expresaron críticas a cuestiones sin resolver vinculadas a dicha organización terrorista.

La voluntad unánime de crear lugares de recuerdo de las víctimas del 11-M se ha visto empañada por disputas que afectan a la memoria del terrorismo en España. Principalmente, la falta de consenso respecto al trato y la conmemoración de sus numerosas víctimas y la ausencia de acuerdos en materia de política antiterrorista.

Estas desavenencias se han reflejado en una conmemoración compleja marcada tanto por las reubicaciones, resignificaciones y deterioro de los monumentos como por el uso de estos espacios en las efemérides. El desmantelamiento del memorial de Atocha supone la pérdida de un lugar de recuerdo, pero también una oportunidad para aprovechar las lecciones aprendidas en los últimos veinte años.

Mireya Toribio Medina, Investigadora Doctoral del proyecto del Consejo Europeo de Investigación ‘Urban Terrorism in Europe (2004-19): Remembering, Imagining, and Anticipating Violence’, University of Birmingham

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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