Asistentes a la manifestación convocada por la ANC en Barcelona con motivo de la Diada | Quique Garcia / EFE

«Estado opresor», lengua vehicular y referéndum: las infamias del independentismo

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Que levante la mano quien no esté cansado de escuchar la típica frase independentista de «Estado opresor», «España nos roba» y los intentos de lloriqueo y victimismo. Igual los andaluces, extremeños y madrileños no tanto, pero cualquiera que se interesa por la política catalana, puede descubrir como todo esto es puro y barato populismo.

Resulta de un tanto repugnante que el presidente de una comunidad autónoma, esté más pendiente de sus propios intereses o los de su partido, antes que el del conjunto de ciudadanos que habitan en ella, porque SÍ, Cataluña es una comunidad autónoma, ni es una nación, ni el conjunto de naciones de los ‘Països Catalans’, ‘Països Valencians’ y la ‘Catalunya del Nord’ (en referencia a Francia).

Muchos andaluces como yo, al igual que los constitucionalistas catalanes, nos preguntamos cómo es posible que hijos de andaluces que llegaron a las tierras catalanas hace 40-50 años, tengan tanto odio hacia sus raíces, hacia el ‘españolismo’ y la respuesta sea el ataque a pedradas, a quemar banderas al grito de «¡puta Espanya!», quemar fotos del Rey Felipe VI o de líderes constitucionalistas.

Lo peor de todo no es el constante odio al que nos sometemos quienes defendemos a nuestros vecinos, Cataluña, sino que el propio Gobierno, se siente a negociar con quienes no creen en la democracia y con quienes cometieron un golpe de Estado en 2017. En un Estado democrático, esto no sucede.

Pero hablando anteriormente del victimismo, todavía quiero recordar la frase que la consejera de la Presidencia de Cataluña dijo nada más salir de la última mesa del sometimiento en el mes de julio, «El catalán es una lengua perseguida en Cataluña». No solo creo que quienes la hayan oido o leído en los medios se haya sentido ofendido por escuchar eso, también que los padres y madres que siguen luchando por una educación en castellano, y en especial los escraches que estos niños tienen que someterse para que los insulten u obliguen a hablar en un idioma, algo propio de las dictaduras.

Recuerdo, que en una de mis visitas a un pueblo de Barcelona -gobernado por ERC, pero con la bandera española en el ayuntamiento-, una de las vecinas me dijo que a su hijo hacía años, una de sus profesoras le dio un ultimátum, y si no hablaba en catalán, lo suspendía de su materia.

«El catalán es una lengua perseguida en Cataluña»

Consejera de la Presidencia de la Generalitat de Catalunya, Laura Vilagrà

Todos recordaremos el reciente caso del niño de Canet, y todo lo acontecido en su órbita, como la respuesta de la alcaldesa del municipio barcelonés en referencia a que Arrimadas «solo iba a provocar», o la respuesta del consejero de Educación de la Generalitat cuando el portavoz de Ciutadans, Nacho Martín, le retó a hablar en castellano en el Parlament.

«Ustedes enviaban piolines»

Infamia es una palabra que el presidente del Gobierno desconoce o no le importa el significado. Si damos un repaso a la hemeroteca, solo vemos mentiras a los españoles. «Traeré a Puigdemont», «no indultaré a los golpistas», «no pactaré con Podemos», aunque ahora, tras la campaña electoral y cerca de la próxima, las palabras son «ETA ya no existe», «debemos solucionar el problema de Cataluña» y «nos sentaremos a pactar con ERC».

Incluso, Sánchez decidió fulminar, o mejor dicho, quitar del medio, al que ejercía como jefe del caso del Procès, Edmundo Bal, aunque todavía nos hacemos la misma pregunta que él mismo le planteó en el Congreso, ¿fue ERC o Junts quien le dijo que debía quitarlo del medio? Pregunta que también nos podemos plantear con la expresidenta del Tribunal de Cuentas, Margarita Mariscal de Gante, el coronel Pérez de los Cobos, y la exdirectora del CNI, Paz Esteban.

Se supone que un presidente del Gobierno tiene que estar firme en cuanto a las sentencias judiciales y oponerse totalmente a los indultos por incumplimiento de la Constitución o del ordenamiento jurídico, algo que a Sánchez poco le importa, claro ejemplo, el indulto a los condenados, menos a los fugados que tienen cargo público de eurodiputado.

Lo que más gracia me hace, es recordar las palabras del exlíder del PSC, Miquel Iceta, que indicaba que «no había visto fracturarse tanto la sociedad, como después del golpe de Estado», y ahora, miembro del Gobierno que pacta con esta gente, diga que hay que buscar la manera para que cuando Puigdemont vuelva a España, «tenga la menor repercusión».

Más grave aún me parece el insulto que Sánchez hizo a los Policías Nacionales y Guardias Civiles que fueron enviados por el Gobierno de Mariano Rajoy. Con el término de «piolines», los describió, aunque no hace referencia a todo lo que tienen que pasar, como los gravísimos insultos que hacen los profesores a sus hijos, cuando los llaman «salvajes».

Si simplemente puede llamarlos así, ¿qué nos podemos esperar de este presidente? Aunque creo que la respuesta ya la tenemos, un nuevo referéndum de independencia, al que según Pere Aragonès, habrían llegado a un acuerdo con el Gobierno para celebrarlo. Me da a mí que al presidente de Cataluña no le da por mirar las encuestas, que según las últimas publicadas, el índice de independentismo está bajando de forma radical.

¿Y si Arrimadas hubiera alcanzado la presidencia de la Generalitat?

Buena pregunta, ¿qué habría pasado? Yo tengo la esperanza y tengo en mi cabeza, que se habría solucionado en cierta parte, o por lo menos se habría terminado el chantaje que el independentismo somete al Estado, degradando sus instituciones, insultando y obviando todas las comunicaciones de la Comisión Europea.

Arrimadas ha sido la primera en conocer de primera mano todos los ‘trapicheos’ internos. Insultos por la calle, una llamada a «violarla» -como lo publicado por una usuaria de Facebook que fue denunciada-, o los lazos y mensajes con los que tenía que amanecer en la puerta de su casa todos los días.

La valentía que demostró fue tal, que más de un millón de catalanes les dio su confianza en las elecciones de 2017, meses después del fatídico golpe de Estado, pudiendo denunciar todas las acciones de los golpistas.

Muchos de nosotros recordamos los brutales repasos que dio a Torra, como en el día de su investidura, cuando leyó todos los insultos que el expresidente catalán habría vertido sobre los que estamos fuera de las «fronteras catalanas».

Pero no solo tenemos esas frases, también la de Gabriel Rufián sobre que a sus primos de Jaén «se lo pagan todo». Mentira. A los andaluces no nos pagan absolutamente nada. Trabajamos de sol a sol (y nunca mejor dicho). Igual por esa mala gestión, el verano pasado, Andalucía ganó a Cataluña en creación de empresas y empleo.

Finalmente, entre si se deciden sobre si Cataluña «es una nación», pero Murcia «no» -como dijo Jaume Asens-, será mejor que los españoles decidamos dos cosas. La primera sobre qué manos vamos a dejar Cataluña, y la segunda, ¿estarías dispuesto a que volvieran a robar tus datos (si estás empadronado en Cataluña), para otro referéndum independentista?

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