Dictadura del fascismo rojo

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«El totalitarismo no puede renunciar a la violencia. Si lo hiciera, perecería. La eterna, ininterrumpida violencia, directa o enmascarada, es la base del totalitarismo», dijo el escritor y periodista soviético Vasili Grossman. Y cuánta razón muestra – a pesar de que lo que la frase se refiere, fuera del siglo pasado-.

Estamos cansados de escuchar eso de «estamos en el siglo XXI, la sociedad ha avanzado». No sé exactamente qué ha avanzado en la sociedad, pero el totalitarismo y los regímenes dictatoriales siguen existiendo, y aunque en España, el partido que gobierna diga que «es un país en libertad», lo ocurrido el pasado jueves en la Universidad de Granada con Macarena Olona, es una clara evidencia de esa falta de libertad.

Los violentos, son los mismos que en el año 2019, intentaron impedir que Cayetana Álvarez de Toledo accediera la Universidad Autónoma de Barcelona; en 2010 a Rose Díez en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense; en 2019 a Begoña Villacís en su visita a La Pradera en San Isidro -donde temió por la vida de su hija, puesto que estaba embarazada-; y en el mismo año al filósofo Pablo de Lora en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Es curioso, que si alguien de derechas acude a la Universidad a dar una conferencia, todas estas organizaciones pro-comunistas, realicen escraches a los asistentes y si por el contrario, lo hace un líder de izquierdas -como Pablo Iglesias-, lo reciben con aplausos.

Esto solo ocurría y ocurre en Cataluña y el País Vasco, como cuando se espían a los niños en los centros escolares para ver en qué idioma hablan, se incumplen la sentencia del 25% de castellano, se queman fotos del Rey, se dan golpes de Estado, se cesa a servidores públicos, se aprueban leyes sectarias para imponer el catalán o se acerca a dos de los etarras más peligrosos y sangrientos a las cárceles del País Vasco (donde la autonomía tiene las competencias).

Como ocurrió en los anteriores casos, Olona también se negó a ceder a los sectarios, exigiendo su entrada por la puerta principal y enfrentándose a aquellos que la insultaban y querían que se cancelase su acto de libertad en la Universidad de Granada.

Los escraches del fascismo rojo se ha convertido en el deporte nacional de la izquierda, reventando las universidad españolas públicas porque a su juicio «son provocadores». Los violentos sin simplemente populistas que se dedican a enturbiar la política, y las universidad lo han tolerado protegiendo la impunidad de estos.

La Universidad de Granada junto a la policía, debería identificar y expulsar a todos los que fueron a privar la libertad de los simpatizantes de Macarena Olona, de la libertad y de ella misma. ¿Cuánto tiempo más tendremos que seguir sufriendo la dictadura del fascismo rojo?

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