Simulaciones parlamentarias: la cuna de los líderes del futuro

"Nuestro tiempo trae consigo una modernidad líquida en la que las élites se pueden crear, y no está escrito en piedra que se limiten a venir de cuna".

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La semana pasada finalizaba la Simulación de la Segunda República, un evento académico organizado por la Asociación Estudiantil de Simulaciones Parlamentarias de la Universidad Rey Juan Carlos (ASESP), donde estudiantes de muy diversas procedencias se ponían durante unos días los zapatos de diputados de las Cortes de 1936, trabajando y debatiendo en plenos y comisiones sobre distintos proyectos de ley, acercándose al día a día parlamentario. Esta simulación es parte de un formato de evento académico mucho más amplio, organizado por estudiantes y para estudiantes, en donde se han simulado instituciones y parlamentos muy distintos, desde el Congreso de los Diputados hasta el Parlamento Europeo, pasando por el Parlamento de Baleares, el de la República Italiana, el Ayuntamiento de Madrid e incluso el Consejo Comarcal del Bierzo.

Estas peculiares jornadas de debate, con claros parecidos a otros como los Modelos de Naciones Unidas (MUNs) o Modelos de la Unión Europea (MEUs), tienen una larga trayectoria en el mundo anglosajón, pero desde hace unos años han empezado a ganar popularidad en España. Lejos de ser una «frikada» anecdótica o un simple juego de rol, las simulaciones parlamentarias son eventos que tienen una gran importancia pedagógica. Incluso más importante que eso, son una plataforma donde los líderes políticos del futuro se forman y tejen redes sociales y personales entre ellos. Puede parecer algo pretencioso, pero estos eventos reúnen a jóvenes con intereses políticos en unos días de intensa convivencia muy marcados por un carácter familiar y de amistad que perdura más allá de la simulación. La mayoría de gente que participa repite y termina con fuertes relaciones de confianza con sus compañeros, que son con quienes después queda, sale de fiesta o inicia otros proyectos distintos, algunos incluso terminan viviendo juntos o encontrando el amor.

Estos eventos se diferencian mucho de otros ambientes como pueden ser las juventudes de partidos políticos, ya que los participantes suelen defender una ideología contraria a la que tienen en la vida real, juntando a personas con ideas muy distintas en un entorno de tolerancia muy sano y difícil de encontrar en estos tiempos donde parece que quienes piensan diferente están condenados a enemistarse. En otras palabras, en las simulaciones no solo te juntas con los de tu «gremio», sino que te relacionas con personas de todo tipo de ideologías, militancias, carreras universitarias e intereses, ya que también hay muchas personas que deciden participar en los puestos de comunicación y prensa, staff u organización. En el plano político, se fomentan mucho los valores como el buen parlamentarismo, el pluralismo político y el debate sano, la importancia de los medios de comunicación en una democracia o el alcance de acuerdos entre distintos.

Algunos pensarán que es una exageración decir que de las simulaciones parlamentarias van a salir los líderes del futuro. Sin embargo, no podemos olvidar la importancia de los años universitarios en un país que tuvo una Institución Libre de Enseñanza y una Residencia de Estudiantes de la que salieron muchos de los mayores referentes políticos, intelectuales, sociales y culturales del siglo XX. Nuestro tiempo trae consigo una modernidad líquida en la que las élites se pueden crear, y no está escrito en piedra que se limiten a venir de cuna. Si en su día la enseñanza krausista nos trajo a un Joaquín Costa, un Antonio Machado, una María Zambrano o un Ortega y Gasset, quién dice que muchos de los nombres de quienes hoy enmiendan leyes en simulaciones parlamentarias no vayan a ser tan sonados en un futuro.

En definitiva, y a riesgo de equivocarme por ensoñaciones propias de la veintena, las simulaciones parlamentarias no son solo un entorno donde aprender, poner a prueba tus límites y crecer en un entorno de diversión y familia, sino que también es el caldo de cultivo de la que posiblemente veamos como una futura generación de élites políticas, mediáticas, culturales o intelectuales que decidan el rumbo de nuestro país a lo largo de este siglo.

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