Sánchez o la destrucción de una democracia

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Este jueves conocíamos, de boca de Sánchez, que uno de los pactos de la, mal llamada, “mesa del diálogo” es la derogación del delito de sedición. Una derogación que corre prisa y que se anunciaba su presentación inmediata. Corre prisa porque es uno de los pagos de Sánchez para que el separatismo, en concreto ERC, diga amén a sus presupuestos.

Confieso que no fue fácil escuchar al Presidente de España que iba a modificar el Código Penal para facilitar un nuevo golpe de Estado en Cataluña. No fue fácil digerir que, desde el propio Gobierno de mi país, se estaba propiciando mantener esa suerte de dictadura que sufrimos en esta Comunidad desde hace ya demasiados años. No fue nada fácil.

Sánchez está perpetrando un golpe a la democracia española.

La semana pasada escribía un artículo, en colaboración con el director de este medio, sobre las mentiras de Sánchez y la pretendida reforma del delito de sedición, sobre ese golpe a la democracia. Pero a una siempre le queda la esperanza que tal ataque no llegue a consumarse. Que en algún momento de lucidez y honorabilidad, el Presidente de España piense en España y no en sus posaderas. Pero no, no existe lucidez, ni honorabilidad ni lealtad al país que preside.

La derogación, que no modificación, del delito de sedición es un ataque en la línea de flotación a nuestra democracia. Muchos lo percibimos con un nuevo golpe desde dentro, no muy distinto al golpe de estado que perpetraron los separatistas catalanes hace cinco años. Y, desde luego, no hay que tener miedo ni complejos para definirlo como tal, Sánchez está perpetrando un golpe a la democracia española.

Ya en 1995, bajo el mandato del PSOE, se reformó el Código Penal. Digo bien, en 1995 no en el siglo XIX como la maquinaria del poder está intentando implantar en el imaginario colectivo. En esa reforma se derogó el artículo 214, que consideraba delito de rebelión la declaración de independencia, sin requisito alguno más allá de la propia declaración. Y la sedición y la rebelión quedaron como las conocemos hoy. Por lo tanto, es radicalmente falso que el delito de sedición deba “reformarse” para “modernizarlo”. Va siendo hora que los españoles nos rebelemos contra la mentira y exijamos la defensa de nuestra democracia. Y no, ningún Gobierno posterior recuperó ese tipo de rebelión, tampoco los del PP con mayoría absoluta

Poco le importa al ególatra Sánchez abandonar, de nuevo, a los demócratas en Cataluña.

Esa reforma de 1995 ya desarmó al Estado. Porque nuestro país debe tener herramientas de protección frente a posibles ataques a nuestra democracia y la eliminación de ese tipo de rebelión fue un desarme. Y ahora se dará un paso más para desproteger a España frente a los golpes de estado de los nacionalismos. Y lo grave es que esa desprotección se realiza desde la propia Presidencia del Gobierno y por un interés personal y partidista, mantenerse en Moncloa.

Poco le importa al ególatra Sánchez abandonar, de nuevo, a los demócratas en Cataluña. Poco le importa a Illa que el constitucionalismo esté siendo silenciado, desarmado y sentenciado a la muerte civil en Cataluña. Porque sí, en Cataluña, seguimos bajo esta especie de dictadura ejercida por el separatismo. Ya no nos queman las calles, gracias al pacto con los socialistas, un pacto muy similar al de Carod con ETA cuando se reunió con la banda terrorista para que no atentaran en Cataluña. Podían seguir asesinando en el resto de España, pero les pidió que en esta Comunidad no, que le restaba votos por sus vínculos con la banda.

Y sí, se puede hacer esa equiparación aunque algunos se indignen o intenten reconducirnos a lo “políticamente correcto” que sería callar, normalizar y abrazar una ideología xenófoba y totalitaria.

Repito, por si no se ha entendido bien. Las calles ya no arden en Cataluña porque, mientras que siga gobernando Sánchez, el separatismo contiene a sus CDR para que no les reste votos, ni a Sánchez ni a Illa, ni al PSOE ni al PSC. Porque mientras gobierne el PSOE con su banda, el separatismo va dando pasos de gigante hacia la independencia de Cataluña: erradican el español, con la imprescindible ayuda del PSC; son indultados, con el mensaje de “es por justicia” atacando al poder judicial; se les permite seguir dilapidando el dinero público en sus chiringuitos, con el beneplácito del PSC; siguen construyendo sus “estructuras de Estado” y, lo que es más grave, están adormeciendo a la sociedad civil para que esté sumisa y callada, para que crea que la situación ha mejorado, para que crea que los que siguen alzando la voz con la dictadura separatista son unos agitadores extremistas. Porque aquí, las víctimas somos criminalizadas.

Las calles ya no arden en Cataluña porque, mientras que siga gobernando Sánchez, el separatismo contiene a sus CDR para que no les reste votos, ni a Sánchez ni a Illa, ni al PSOE ni al PSC.

Así que sí, hay que decir alto y claro que Sánchez está destruyendo nuestra democracia. Es imprescindible llamar a las cosas por su nombre, salirnos de lo “políticamente correcto” y denunciar, sin complejos, las acciones de Sánchez. Porque no es una “irresponsabilidad” como dijo ese Feijóo acomplejado que espera no molestar mucho al separatismo para pactar con ellos tras una hipotética y futura victoria electoral. No es de recibo que al que se le supone “líder” de la oposición diga que ahora no toca hacer nada (al más puro estilo Pujoliano), que cuando el llegue a la Presidencia del Gobierno ya lo volverá a reformar. Mientras tanto, a sentarse y a mirar. Eso sí, sin explicar que esa promesa a futuro no impedirá la impunidad de los golpistas del 17, porque las reformas del código penal sólo son retroactivas si benefician al penado. Así que el daño ya estará hecho. Y ya conocemos también qué pasa con las promesas del PP cuando llegan al poder, que se diluyen en el mar del olvido.

Y voy acabando. Acabando con la esperanza que tenemos los españoles, la esperanza que siempre nos ha dado Ciutadans. De todo lo ocurrido tras el anuncio de Sánchez, me quedó con las declaraciones de Inés Arrimadas y de Carlos Carrizosa. Me quedo con el convencimiento que, una vez más, son y serán los únicos que planten cara al separatismo, a Sánchez, a Illa y al PP. Que utilizaran todas las herramientas a su alcance para defender nuestra democracia, como lo han venido haciendo siempre, como lo hicieron en 2017 parando el golpe.

“No estáis solos”, decía Inés Arrimadas, y no lo estamos. Se que se dejarán la piel para frenar este atentado a la democracia, lo llevan haciendo quince años, sin desfallecer ni retroceder ni un ápice.

Y me quedo con la fuerza que nos transmitía Carlos Carrizosa, “defenderemos a los catalanes que no cuentan para el PSC, frente a la pasividad del PP y los abusos del nacionalismo”

Y me quedo con la esperanza de que los españoles alcemos la voz, unidos en torno a quienes nos defienden, para proteger nuestra democracia contra el golpe de Sánchez.

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