Manifestación a favor de la unidad de España por las calles de Barcelona | JOSEP LAGO / AFP

Recuerdos de una ¿adoctrinada?

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Soy del 77. Recuerdo regresar al colegio de mi barrio tras un curso escolar en el centro de mi ciudad. Entraba a la clase del Sr Andrés, 4o de EGB, lo primero que vi fue la foto de ese señor con bigotillo. No sabía bien quién era pero por algún motivo tampoco sabía cual de los dos me inspiraba más temor.

Del siguiente curso recuerdo a la Srta Mari Cruz, sus rosarios, el pedrusco de su dedo corazón y dónde podía aterrizar si no te portabas bien. Su impecable castellano de la Real Academia Española y también el retrato de su Majestad el Rey Juan Carlos I.

En el ciclo superior hubo cambios. Nos seguían acompañando los retratos de su Majestad, a veces sólo, a veces acompañado. Las profesoras eran diferentes; más jóvenes, habían estudiado en el extranjero… La lengua en las aulas pasó a ser el catalán.

En aquellos años había dos colegios en mi barrio. El mío era el público, el de los papás de fuera, castellano-parlantes. Había de todo, pero se nos consideraba “los pobres”. El otro colegio era de pago, y catalano-parlantes, aunque también había de todo se consideraba el de “los ricos”

En el barrio, los niños de ambos colegios nos llevábamos fatal, pero alguien tuvo una brillante y acertada iniciativa. En la Semana Blanca, mientras algunos iban a esquiar (ninguno de mi colegio) los demás disfrutábamos de una semana cultural y de actividades variadas que nada tenían que ver con el currículo escolar. Mezclaban a los alumnos de sendos colegios y te podías apuntar a actividades como; cursos de cocina, bailes de salón, pintura, rapel… Fué muy bonito la verdad.

Llegué al instituto donde nos mezclamos jóvenes tanto catalano como castellano parlantes. De esa época, son mis primeros recuerdos en cuanto a esteladas, o algún otro tipo de manifestación pro-independentista.

Tras mucho insistir, mis padres y los de una amiga, nos apuntaron a unos cursillos de esquí en Andorra. El esfuerzo económico fué grande, por ello asistimos en fines de semana alternos ya que el dormir, comer, alquiler de material… eran gastos añadidos.

En el autocar dábamos la nota, nunca hicimos amigos a pesar de subir casi toda la temporada. Éramos las únicas que no teníamos esquís propios, ni el último modelito. También las únicas de origen castellano-parlante. Lo mejor que recuerdo de esos días, aparte del ski y la montaña, son las canciones de Sopa de Cabra.

La Universidad fué algo atípica para mí por un problema de salud, casi la cursé en mi habitación. No obstante, un detalle que recuerdo de esa época es que intenté hacer una solicitud en el “Institut del Teatre” y ni la solicitud conseguí rellenar. Alguien me advirtió antes de que si no tenía dos apellidos catalanes o padrino ni perdiera el tiempo.

En mis primeros años laborales una multinacional española compró la empresa donde yo trabajaba. Estrenamos oficina, todo absolutamente nuevo. A los diez días se tuvieron que volver a hacer obras en el escaparate para cambiar el rótulo. Debía estar en catalán… ¿Cómo era aquello de que los nombres propios no se traducen?…

Pasaron los años, siempre trabajando en el mismo sector. Tengo la suerte (o he tenido el buen hacer) de explicar que soy una de esas mujeres con sueldos por encima de la media. Mis clientes siempre han sido catalano-parlantes y así me comunicó yo en el 90% de mi tiempo: en el trabajo, en la calle… Sólo en casa lo hago en castellano.

Tengo muchísimos conocidos y también amigos que creen en la Independencia, siempre la he respetado, mucho más que el propio movimiento a mi misma y a mis derechos, ya que considero que han sido pisoteados y vulnerados una y otra vez. Puedo debatir tan amigablemente sobre el tema en petit comité pero sé que públicamente no gustaría nada en mi entorno. Y claro, no quiero complicarme la vida, ni los clientes, ni el sueldo.

¿Soy cobarde por no defender lo que siento a voces? Puede, pero también es cierto que siempre he dicho que hablar de política o de fútbol en mi trabajo, al tratarse de ocio, de desconexión y de pasarlo bien, es un error. Es una máxima que siempre me ha funcionado bien y seguramente a muchos más que piensan como yo. Otra máxima que ha hecho lo propio es huir de banderas, fronteras… yo soy una viajera del Mundo y respeto todas las lenguas, todas las culturas, todas las banderas (reglamentarias)…

Por desgracia, aquí en Catalunya, hay mucha gente que no es tan empática, ni tan tolerante como yo. Y cuando miro atrás tengo la sensación de que he tenido las oportunidades que he tenido por estar calladita, por “entrar en el club”. Tengo un claro ejemplo en mis hermanos varones. Mi hermana, de carácter extrovertido como yo, también ha triunfado en nuestra tierra, pero no así mis hermanos. A ellos se les han escapado grandes oportunidades por no utilizar el catalán. Lo hablan, por su puesto, han tenido la misma educación que yo, pero son más introvertidos y cuando tocó salir del barrio no fueron tan lanzados. Les daba vergüenza hablar el catalán, no se sentían seguros por el acento, ya habían sufrido episodios de burlas con compañeros en los años estudiantiles.

Yo soy catalana. Amo mi tierra y mi lengua. Soy consciente de que el catalán tiene riesgo de reducirse a una lengua minoritaria como el aranés, patués o tantas otras… y comparto esa parte buena en cuanto a “defensar la llengua” Pero UNA, repito, UNA clase de cada CUATRO en castellano le abriría muchas puertas a nuestros hijos. No a los míos, no, a los de ellos, a los que precisamente están vulnerando los derechos de nuestros hijos. Porque salvo que tu hijo tenga el apellido Jornet y sea mundialmente conocido por su talento deportivo, el día de mañana cuando en una entrevista de trabajo diga o escriba “avocado”* estará perdiendo oportunidades por no saber algo tan básico como escribir en una de las lenguas más utilizadas del Mundo.

A mi me ha salido bien, es cierto, pero el Mundo ha cambiado. Ahora, con las redes no hay fronteras para las oportunidades. Puedes estar sentado en tu despacho de Girona hablando con Perú, México, Argentina… incluso con Miami o Nyc.
¿De verdad un 25% de las clases supone tanto esfuerzo?

Y sin embargo, éste no es el miedo que tengo, porque sospecho que esto de la lengua no es más que una tapadera. No es más que ese “Programa 2000” que ya ideó Jordi Pujol en su momento para poco a poco entrar en nuestra mentes y en nuestras casas.

N. I.
17 Septiembre 2022

#YoVoy18SBCN #EspañolLenguaVehicular #EscuelaDeTodos

* Hago alusión a un tweet del deportista donde escribe “avocado”, porque como textualmente cita él “nunca la había visto escrita en español” Normal, porque ha vivido en otros países y se ha comunicado en su lengua materna y la de esos otros países pero los que vivimos en Catalunya ¿porque renunciar a un tesoro que tenemos tan a mano?

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