La sempiterna pinza en el socialismo mediático

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Haciendo honor—y que no sirva de precedente— a los titulares de la prensa patria, ha nacido la Izquierda, Izquierda Española, concretamente. Tras anunciar su salto a la arena electoral en las inmediatas europeas, automáticamente, toda la plana de periodistas y politólogos en potencia del gobierno ha salido en tromba a señalar que Izquierda es ni más ni menos que de derechas. Irónico, ¿no?

Algunos no lo recordarán, o siquiera habrían nacido como un servidor, pero Izquierda Unida formaba parte de este grupo de benefactores de la derecha, la celebérrima ‘pinza’. Ya vivió la España de la década de los 90 la conspiración del Dóberman que, además de presentar a un oculto franquismo que deseaba la regresión de la nación democrática frente a una ‘España en positivo’, incluía la progresía mediática la estrecha colaboración de un quintacolumnista apostado tras los leones de la carrera de San Jerónimo. Era Julio Anguita el ‘paladín de Aznar’ para el Grupo Prisa y su filial político-gubernamental, el PSOE de Felipe González.

Si avanzamos en el tiempo, el enemigo ya no lo constituía IU, sino la fascista Rosa Díez, una despechada que se había emancipado de la Casa del Pueblo y retornaba con unas siglas magenta que, bien podían tender el rojo, al ser un color primario, ¡pero también el azul! Nuevamente, comienza la campaña del miedo, UPYD no podía formar parte del exclusivo club del progresismo, no era más que una derecha camuflada por un manto de falsa ‘modernidad’, el arma definitiva del PP para acabar con el presidente Zapatero, que ya antes de acceder al cargo daba pistas de la deriva complaciente con el separatismo, el oneroso Tinell y sus cláusulas.

Y así, avanzamos a fechas más recientes. La crisis asolaba cada rincón de España, el bipartidismo se mostraba incapaz de hacer frente a ‘las cosas del comer’ y, en ese contexto, un partido que, aparentemente, iba destinado al fracaso dio la sorpresa en las elecciones europeas. Efectivamente, hablamos de Podemos. De nuevo, la progresía mediática sentó cátedra, Pablo Iglesias era el invento de la todopoderosa vicepresidenta Sáenz de Santamaría para que el partido de la rosa y el puño no volviera a entrar por las puertas del Palacio de la Moncloa. Hoy, todo ese conglomerado podemita-sumariano advierte a la masa—usar el plural para un movimiento tan defenestrado simplemente es ofensivo, siento decirlo— de cómo la derecha se hace eco del proyecto de Guillermo del Valle, olvida el asiento reservado para ‘El Coletas’ en El Gato al Agua previo a su salto al plató de La Sexta Noche.

Empero, Izquierda Española cuenta con una particularidad, que es el enemigo declarado del socialismo sanchista y de todos los otrora considerados tontos útiles de la derecha. Sin estructura alguna más que un think tank, ya son el gran peligro para el progreso por defender lo que Pedro Sánchez exponía con vehemencia con una rojigualda de fondo ante su komintern hace apenas 8 años. Qué atrevimiento, cómo osa defender el pensamiento de quien lo ha desechado, de quien ha sacrificado su palabra por España, como diría la ministra de Comunicación Institucional de facto, Àngels Barceló.

Desconocemos las posibilidades de esta nueva formación de acceder al selecto grupo de los 61 eurodiputados españoles, pero sólo con el escozor que está causando en las ingles de los ejecutores de Ferraz, el espectáculo está servido. Tenga o no éxito, ya del Valle ha demostrado mayor coherencia que los 152 diputados de la izquierda nacional y, por decepcionante que sea, sólo con mantener su palabra será más digno que todos los ministros de este gobierno. Sus actos determinarán su destino.

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