Los lugares sagrados de Hawái perdurarán a pesar de los incendios

Según los científicos, los incendios forestales destructivos como el de Lahaina son cada vez más frecuentes y más intensos debido al cambio climático.

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Incendios forestales en Hawái | Matthew thayer / The Associated Press
Incendios forestales en Hawái | Matthew thayer / The Associated Press

Rosalyn R. LaPier, University of Illinois at Urbana-Champaign

Los hawaianos están devastados por los recientes incendios forestales que han arrasado Lahaina, Maui, han acabado con la vida de docenas de residentes y han destruido cientos de casas, edificios, iglesias cristianas y templos budistas.

No sólo los edificios y monumentos históricos son importantes para los nativos hawaianos. Esta región de Maui tiene una historia más larga.

Ha sido venerada por sus pueblos indígenas como lugar sagrado durante generaciones. En el siglo XIX, sirvió de hogar y lugar de enterramiento de la familia real hawaiana y se convirtió en la primera capital del Reino de Hawái. Carmen Lindsey, presidenta de la Oficina de Asuntos Hawaianos, declaró en un comunicado que “Lahaina alberga algunos de los bienes culturales de mayor importancia histórica y los restos sagrados de mayor rango de nuestros antepasados”.

Como académica indígena que estudia el medio ambiente y la religión de los pueblos indígenas, me interesa saber cómo afectan los cambios medioambientales, como el catastrófico incendio forestal de Lahaina, a los lugares considerados sagrados.

Conexiones ancestrales

Lahaina es venerada por los nativos hawaianos porque ha sido durante mucho tiempo el hogar de Kihawahine, una mujer que se transformaba en diosa moʻo, es decir, un lagarto sobrenatural que cambia de forma según la religión hawaiana. Su hogar principal estaba en un estanque de peces de Mokuʻula, una pequeña isla de Lahaina considerada un piko o centro de actividad religiosa y política tradicional. La realeza nativa hawaiana vivía cerca para estar cerca de Kihawahine y su poder sobrenatural.

La historia de la región también está relacionada con el rey Kamehameha. Después de que Kamehameha, el aliʻi ʻai moku o jefe principal de la isla de Hawái, consiguiera unificar todas las islas hawaianas en 1810, hizo de Lahaina, en Maui, su residencia real.

Pintura de un joven con una capa roja, sosteniendo un bastón.
Retrato del rey Kamehameha III de Hawai, 11 años. Robert Dampier via Wikimedia Commons. Honolulu Museum of Art.

Eligió este lugar para estar cerca de Kihawahine, el espíritu guardián de su esposa Keōpūolani. A continuación, veneró a Kihawahine, lo que le aseguró el futuro liderazgo de su linaje.

En los años siguientes, Lahaina se convirtió en la capital del recién unificado Reino de Hawái bajo el gobierno de Kamehameha y sus descendientes. La capital permaneció en Lahaina hasta 1845, cuando el rey Kamehameha III la trasladó a Honolulu, Oahu.

El hogar terrenal de Kihawahine cambió radicalmente con la llegada de la colonización y el capitalismo estadounidenses a la isla de Maui en el siglo XIX. Las empresas productoras de caña de azúcar desviaron las aguas que alimentaban el estanque piscícola y los manantiales de agua dulce de Mokuʻula para regar, lo que provocó que el estanque se secara. Posteriormente, a principios del siglo XX, el Territorio de Hawái rellenó con tierra lo que quedaba del estanque para construir un parque público.

Se han emprendido esfuerzos para restaurar Mokuʻula en Lahaina y revitalizar su historia como lugar sagrado de los nativos hawaianos. Estos esfuerzos, sin embargo, se verán dramáticamente afectados por la devastación del incendio de Lahaina.

¿Qué nos depara el futuro?

Según los científicos, los incendios forestales destructivos como el de Lahaina son cada vez más frecuentes y más intensos debido al cambio climático.

La presidenta Lindsey, de la Oficina de Asuntos Hawaianos, también ve otras influencias. “Los incendios actuales se deben en parte a la crisis climática, a la historia del colonialismo en nuestras islas y a la pérdida de nuestro derecho a administrar nuestra aina y wai (tierra y agua)”, afirmó.

Los edificios históricos y los bienes culturales de este lugar se perderán para siempre. Esa sensación de pérdida se resume en las palabras de Lindsey: “Hemos visto cómo se esfumaban nuestros valiosos bienes culturales, nuestra conexión física con nuestros antepasados, nuestros lugares para recordar”.

Pero las historias de Kihawahine y de los lugares sagrados hawaianos seguirán vivas.

Rosalyn R. LaPier, Professor of History, University of Illinois at Urbana-Champaign

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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