Estados Unidos se involucra en la diplomacia de Níger ante el golpe de Estado y la amenaza de una guerra en el país

Washington busca restablecer orden constitucional en Níger y prevenir posible influencia de grupo paramilitar ruso Wagner en la región

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Manifestación en apoyo de los soldados golpistas de Niger y contra contra las sanciones internacionales en la capital Niamey | Mahamadou Hamidou / REUTERS
Manifestación en apoyo de los soldados golpistas de Niger y contra contra las sanciones internacionales en la capital Niamey | Mahamadou Hamidou / REUTERS

En el contexto de una situación de alta tensión en Níger, donde las implicaciones futuras son inciertas, Estados Unidos ha intensificado su compromiso en la búsqueda de soluciones. La crisis se originó tras el golpe de Estado liderado por el general Abdourahamane Tchiani, lo que ha suscitado preocupaciones en la comunidad internacional y ha llevado a una mayor participación de actores externos en la resolución del conflicto.

Níger, una nación de 25 millones de habitantes, se encuentra en una encrucijada con consecuencias de gran envergadura. En respuesta a los acontecimientos, un grupo de países vecinos, liderado por Nigeria, otorgó un ultimátum a los militares golpistas para restaurar el poder al gobierno democrático. Estados Unidos, mientras tanto, ha demostrado un creciente interés en la situación, respaldando los esfuerzos destinados a reinstaurar el orden constitucional y garantizar el regreso del presidente Mohamed Bazoum, según señaló Antony Blinken, el Secretario de Estado estadounidense. Una preocupación adicional radica en la presencia del grupo paramilitar ruso Wagner, que ha despertado la atención de Washington por su historial en países vecinos.

Estados Unidos ha observado con cautela la agitación en Níger, cuyo papel es fundamental en la lucha contra los grupos extremistas islámicos en la región del Sahel. La presencia de una base militar estadounidense, con aproximadamente mil soldados, refleja el compromiso de Washington en contrarrestar estas organizaciones radicales. Durante el mandato del presidente Bazoum, Níger se convirtió en un bastión para enfrentar al terrorismo, una isla de relativa estabilidad en una región marcada por la volatilidad y donde ha crecido la desconfianza hacia Occidente, en particular hacia Estados Unidos y Francia, antigua potencia colonial, mientras que Rusia ha ganado simpatía.

La inquietud que despierta Níger no solo está arraigada en su realidad interna, sino también en la incertidumbre que enfrentan países vecinos como Malí y Burkina Faso, que actualmente son gobernados por juntas militares con actitudes hostiles hacia Occidente. En un intento por abordar la situación, representantes de estos países han viajado a Niamey en busca de soluciones compartidas. Esta preocupación se amplifica por la perspectiva de que el grupo paramilitar ruso Wagner, que ya opera en África, aproveche el caos resultante del golpe para aumentar su influencia en la región, generando consecuencias que podrían alterar el equilibrio estratégico en el Sahel.

A medida que los acontecimientos se desarrollan, Estados Unidos ha adoptado un enfoque diplomático para abordar la crisis. Victoria Nuland, la Secretaria de Estado Adjunta en funciones del Departamento de Estado, fue enviada a Niamey con el objetivo de sostener conversaciones con los líderes detrás del golpe. Sin embargo, hasta el momento, estos esfuerzos no han alcanzado un avance significativo. Si bien Nuland logró reunirse con el general Moussa Barmou, responsable de Defensa, no pudo sostener un encuentro con el líder del golpe, Abdourahamane Tchiani, quien anteriormente se desempeñó como jefe de guardaespaldas del presidente constitucional.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao), liderada por Nigeria, ha emprendido iniciativas para promover un diálogo que permita revertir el golpe en Níger. No obstante, la Cedeao también ha advertido que no descarta el uso de la fuerza para restaurar al presidente Bazoum en su cargo. Una reunión de urgencia convocada para el jueves podría brindar más claridad sobre la dirección que tomarán los países de la región para abordar la crisis.

La presencia del grupo paramilitar ruso Wagner en la región ha generado inquietud en Estados Unidos. Si bien Antony Blinken ha subrayado que los acontecimientos en Níger no han sido instigados por Rusia ni por Wagner, se teme que el grupo pueda aprovechar la inestabilidad para expandir su influencia en el país y, por extensión, en la región del Sahel. El histórico del grupo en otros lugares ha suscitado preocupación por sus posibles efectos en la seguridad y estabilidad locales.

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