Un análisis geoestratégico de Escocia

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El Gobierno de Edimburgo (Escocia) ha declarado que está firmemente resuelto a exigir un nuevo referéndum sobre su independencia. El apoyo a ésta en los últimos años no ha dejado de aumentar, y en las encuestas actuales las cifras muestran en un apoyo que oscila entre el 50 y el 55% de la población.

La pregunta que nos hacemos desde España no podría ser más simple: ¿nos compensa apoyar una supuesta independencia? o ¿debemos apoyar al gobierno inglés?

Dentro análisis:

Es cierto: todo español que se precie, debería mear en dirección a Inglaterra. No lo ponemos en duda. Pero sí que nos conviene cuestionarnos si una secesión y retorno de Escocia a la UE es propicia para los intereses de España. Empecemos el análisis técnico:

  1. Relaciones exteriores:

Es evidente que, cuando hay intereses enfrentados, a cualquier país le beneficia no tener vecinos fuertes. Lo hemos visto hace poco con el debate sobre el Midcat: un proyecto que traería grandes beneficios para Europa y que, de paso, beneficiaría a España, que sin embargo se tuvo que abandonar y sustituir por el Marbar por la oposición de una de las potencias europeas (en este caso Francia, quería mantener su primacía en el mercado energético europeo).

Está claro que, para llegar a ciertos acuerdos o para imponer nuestra visión sobre Gibraltar, nos conviene más una Inglaterra débil, que un Reino Unido (en adelante RU) fuerte.

  • Relaciones económicas:

A día de hoy, nuestras relaciones comerciales con el RU son muy propicias a nuestros intereses. Según el Gobierno de España, en el mes de agosto del 2022 las importaciones desde RU alcanzaron el valor de 831,14 millones €, mientras que las exportaciones fueron de casi el doble, 1519,10 millones de €.

Pero el análisis no debe acabar con las cifras, claramente buenas.

La cuestión es que, si analizamos nuestras importaciones, vemos que no hay grandes cifras de manufacturas de consumo, industria pesada (como automóviles) o alimentación (208,96 millones €, un 25,14% del total). Todas ellas, relativamente fáciles de sustituir por industria local. Sin embargo, las importaciones de bienes de equipo, semimanufacturas y materias primas, que son las que permiten que tengamos nuestra propia industria pesada y economía de alto valor añadido fuerte, alcanzan la cifra de 503,4 millones €. Estamos hablando del 60,56% de las importaciones.

Por todo esto, nos compensa claramente seguir teniendo a RU como socio comercial.

Sin embargo, ¿qué ocurre si analizamos el caso de Escocia? Pues que su economía se basa en varios pilares. Por un lado, el turismo, responsable de un 5% del PIB y de un 7´5% del empleo, y por otro, de exportaciones de: Hidrocarburos (petróleo), Bebidas (whisky), productos electrónicos y servicios financieros. Los hidrocarburos podríamos buscarlos en otros socios comerciales, pero el resto es fácilmente sustituible por nuestra propia economía.

Todo esto nos lleva a ver que, por un lado, nuestro balance comercial con el RU es favorable, y además, nos compensan sus importaciones. Y por otro, que una Escocia independiente, dentro de la UE, sería una mayor competencia hacia nuestra economía.

Sin embargo, la dependencia de la economía española respecto a estas exportaciones de RU es del 2,50%. Esto implica que la incertidumbre derivada de una secesión de Escocia solo afectaría indirectamente a una pequeña parte de nuestra economía.

  • Estabilidad interna, efecto contagio.

Es un hecho: a los nacionalistas catalanes les encanta la idea de una Escocia independiente. Y sí, no es lícito imponer el relato catalán al escocés. La propia primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, ha reconocido en innumerables ocasiones que el caso catalán no es comparable al suyo. Y esto, ¿por qué? Pues porque Gran Bretaña nace de la unión de dos reinos independientes hasta el momento: Inglaterra y Escocia, mediante el Tratado de la Unión. Algo que no ocurre ni con Cataluña, ni con País Vasco, ni con Galicia al ser regiones que ya estaban integradas en los reinos de Castilla y Aragón cuando voluntariamente se unieron. Pero a mayores, Gran Bretaña no cuenta con una Constitución, sino con un entramado de leyes, documentos y acuerdos, mientras que España tiene una Constitución que proclama la indivisibilidad de la nación y atribuye al Estado la competencia exclusiva en materia de referendos.

No obstante, no debemos olvidar que esto mismo se dio en la época virreinal española. El apoyo a la independencia de los EEUU, se volvió en nuestra contra cuando los ingleses apoyaron las guerras contra España de sus virreinatos. Ejemplo exacto también, pues España nunca consideró “colonias” a sus territorios de ultramar, las cuales tenían su representación en las Cortes Españolas como cualquier otro territorio europeo. Sin embargo, la historia demuestra que estos detalles técnicos dan igual. Es por esto que los separatistas catalanes aplauden tanto a Escocia, saben que dejando de lado el relato de lo legal, incluso de lo moral, y apelando al identitarismo nacionalista, tienen mucho que ganar.

Dicho esto, tampoco podemos perder de vista otra diferencia clave entre Escocia y Cataluña. España está dentro de la UE, mientras que RU está fuera. La mayoría de líderes europeos ya han manifestado que una separación de Cataluña implicaría la expulsión inmediata de ésta del bloque comunitario. España, que permanecería dentro, tendría la capacidad de vetar la entrada futura de este supuesto nuevo estado (como hace Grecia con Macedonia en la actualidad); en el caso escocés, por contra, estamos hablando de una independencia que se cimenta sobre la idea de volver a formar parte de la UE, separándose de un país que ya no forma parte de ésta y que no tiene ni voz ni voto en sus asuntos, por lo que todo hace ver que la UE recibiría a este nuevo estado con los brazos abiertos.

Conclusiones:

Para perseguir ciertos objetivos en común como el proyecto europeo, o la defensa conjunta, nos compensan una Italia, Alemania o Francia unidas y fuertes. Esto no sucede con Inglaterra, que decidió desligarse de un futuro conjunto dentro de la UE. A nivel de relaciones exteriores, nos es más favorable una Inglaterra débil, que un RU fuerte.

A nivel económico, hemos visto que la situación actual nos es propicia, pero que, en caso de una separación, nuestra dependencia de RU es poco relevante en términos generales. La incertidumbre se daría en determinados sectores muy concretos, y no harían peligrar la economía en su conjunto.

Y en el plano interno, es cierto que cabe la posibilidad de un efecto contagio, pero también que se puede hacer ver de forma muy sencilla que los objetivos y consecuencias serían completamente distintos, muy negativos para los separatistas en España, lo que incluso podría llevar a un menor apoyo a las corrientes independentistas propias.

Hablando en plata: existen ciertos riesgos para España. No los negamos. Pero entendemos que son fácilmente sorteables, y que las consecuencias estratégicas para nuestra nación podrían ser positivas si jugamos nuestras cartas como debemos. Pero para esto necesitamos políticos con sentido de Estado. Y con visión estratégica.

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