Sanjurjada (Sevilla, el 10 de agosto de 1932). De izquierda a derecha : el capitán Justo Sanjurjo, el general José Sanjurjo, el teniente coronel Varea de la Guardia Civil, el general García de la Herrán y el teniente Parladé | Dominio público
Sanjurjada (Sevilla, el 10 de agosto de 1932). De izquierda a derecha : el capitán Justo Sanjurjo, el general José Sanjurjo, el teniente coronel Varea de la Guardia Civil, el general García de la Herrán y el teniente Parladé | Dominio público

La Sanjurjada: El primer intento de golpe de Estado contra la II República en 1932

91 años después de la Sanjurjada, el intento de golpe militar marcó un precedente para futuros levantamientos y dejó enseñanzas cruciales para los conspiradores de 1936.

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En la madrugada del 10 de agosto de 1932, Sevilla se convirtió en el escenario de un intento de golpe militar conocido como la Sanjurjada. Encabezada por el general José Sanjurjo, la asonada buscaba cambiar el rumbo político del país sin alterar el régimen republicano. A pesar de su rápida desarticulación, este fallido levantamiento dejó una huella significativa en la historia de España, influyendo en futuros episodios de agitación política y sirviendo como lección para los conspiradores de 1936.

La Sanjurjada, considerada por muchos como un “golpe gritado”, se propuso lograr un cambio de gobierno, aunque no del régimen en sí. En un contexto en el que se gestaban reformas políticas y sociales, Sanjurjo buscó dar un golpe de timón hacia la derecha, apelando a la necesidad de orden público y a la preocupación de la Iglesia por su posición en la sociedad. Sin embargo, este intento de revuelta careció de los apoyos necesarios tanto militares como políticos y sociales, y su desarrollo evidenció la falta de comprensión de la sociedad ideologizada y politizada de la época.

A diferencia de los pronunciamientos anteriores, la Sanjurjada se caracterizó por su enfoque pacífico, permitiendo a la ciudadanía circular libremente por las calles de Sevilla e incluso a los sindicatos convocar una huelga general. Joaquín Gil Honduvilla, teniente coronel del Cuerpo Jurídico Militar e historiador, señala que este enfoque fue un error estratégico, generando resistencia en las calles y no logrando el efecto deseado de ocupación de la ciudad.

El general José Sanjurjo Sacanell | Dominio público

El fracaso de la Sanjurjada marcó un antes y un después en la estrategia de los golpistas. La lección extraída de este episodio llevó a los conspiradores de 1936 a adoptar un enfoque diferente, basado en el uso del terror para controlar a las masas. El general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los principales aprendices de la lección de 1932, aplicó esta táctica de manera implacable durante la Guerra Civil, utilizando el miedo como herramienta para asegurar el éxito de la sublevación.

A pesar del fracaso, Sanjurjo no abandonó sus aspiraciones. Más tarde, en 1936, se convertiría en uno de los líderes del golpe de Estado que desencadenó la Guerra Civil española. Sin embargo, su destino fue trágico, ya que falleció en un accidente aéreo poco después de la sublevación.

La Sanjurjada, aunque efímera en su ejecución, dejó una profunda influencia en la historia de España. Fue un intento de cambio político que, si bien no alcanzó su objetivo, sentó las bases para futuros levantamientos y proporcionó lecciones cruciales para los conspiradores que marcarían el rumbo del país en 1936 y los años venideros.

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