¿Quién quema nuestros montes? El retrato del incendiario

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El 60 por ciento de los fuegos tiene su origen en imprudencias graves o leves. Pero, ¿quién es el imprudente? ¿Cuál es su retrato-robot conductual? Con un algoritmo matemático, una herramienta de la Guardia Civil perfila al posible autor, en general un hombre mayor de 46 años, adaptado, autónomo que vive del campo y sin antecedentes.

2022 ha roto la tendencia a la baja del último decenio y la superficie quemada en lo que va de año, casi 300.000 hectáreas según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, ya triplica la media anual.

De hecho, en junio ya la había superado, como recuerda a Efe Andrés Sotoca, comandante jefe de la Sección de Análisis de la Comportamiento Delictivo de la Unidad Técnica de Policía Judicial (UTPJ) de la Guardia Civil.

Sotoca es el artífice de esa herramienta, que se empezó a diseñar a raíz de la ola de incendios que asoló Galicia en 2006 y que tiene como objetivo ayudar al esclarecimiento de la autoría de los incendios, un delito que deja poco de su autor en la escena del «crimen» y que también arrasa las pruebas.

Un ejemplo de esa dificultad: De los 8.780 incendios registrados en 2021, en alrededor de medio millar se identificó al autor o autores.

Para ayudar a los investigadores, la Guardia Civil ha volcado en esa herramienta, que la Fiscalía de Medio Ambiente quiere implantar también, 3.012 casos de incendios forestales con autor identificado.

Ya son muchos los agentes de las comandancias que acuden a Sotoca para que les aporte una hipótesis del perfil del autor del fuego que investigan. Con los datos que le facilitan, el comandante realiza un informe que se incluye en las diligencias.

¿Por qué se producen los incendios?

Como recuerda el comandante, el 60 por ciento de los incendios forestales se produce por imprudencias, de ellas el 38 por ciento son imprudencias leves, es decir, fuegos accidentales en los que el autor asume su responsabilidad e, incluso, participa en la extinción.

En las graves (el otro 22 por ciento de las imprudencias) el autor escapa del lugar y oculta su acción.

Otro 20 por ciento de los incendios son los llamado «sin sentido» o patológicos; en torno al 10 por ciento se provocan para obtener un beneficio y un 4,7 por ciento por venganza.

Se suman a estos grupos los pirómanos, que no deben confundirse con los incendiarios y que representan un pequeño porcentaje del total. Disfrutan contemplando el fuego e incluso apagándolo y tienen un deseo irrefrenable de quemar.

Así divide la herramienta los tipos de incendios en los que hay autor detenido o investigado.

Pero estos porcentajes se invierten en el caso de los que cumplen condena por estos delitos. De estos presos, un 52 por ciento puede encuadrarse en los incendiarios «sin sentido», un 20 % en los imprudentes y un 16 % para obtener un beneficio.

De ese 52 % de «sin sentido», el 8 % son pirómanos y el otro 44 por ciento sufre algún tipo de trastorno mental o de personalidad y es consumidor de sustancias estupefacientes o, sobre, todo, de alcohol.

El perfil conductal

¿Cuál es el ‘retrato-robot conductual’ del incendiario?

El algoritmo matemático permite que el sistema extraiga un perfil bastante ajustado del autor del incendio. Aunque el perfil es único para cada caso, se podrían resumir los siguientes tipos:

1.- Imprudencias graves. El sistema arroja el perfil de un hombre mayor de 46 años, adaptado, casado, autónomo, con una actividad laboral en el campo, sin antecedentes y sin problemas psicológicos.

Suele cometer la imprudencia en primavera, otoño o invierno, por la mañana o la tarde, con un solo foco de fuego que se inicia cerca de una superficie agrícola y no utiliza acelerantes o retardantes. Son testigos quienes denuncian o avisan del incendio.

2.- Los incendiarios «sin sentido». Su perfil es también el de un hombre, pero en este caso menor de 46 años, soltero, separado o viudo. Está en paro o tiene ingresos escasos, vive solo y no tiene muchos amigos.

Comete el delito en verano, por la noche y prende más de un foco en una zona de riesgo alto. Hasta allí se desplaza a pie, porque vive cerca. Y empieza a quemar en una carretera o pista cerca la masa forestal. Son los vecinos quienes denuncian el incendio. El autor ni permanece en el lugar ni ayuda en la extinción.

Generalmente usa un mechero o artefacto, lo ha hecho otras veces y es un hombre en tratamiento psicológico que consume drogas o alcohol o ambos y actúa bajo sus efectos.

3.- Quemar para obtener un beneficio económico. Se trata también de un hombre, autónomo, que vive en pareja, tiene estudios elementales, está adaptado y tiene unos ingresos de entre 600 y 1.200 euros mensuales.

Actúa en otoño e invierno, prende más de un foco, inicia el fuego en la carretera con un fin de uso ganadero o cinegético y no es fácil encontrar vestigios en un incendio que comienza cerca de una área de matorral.

También suele vivir en la misma localidad del incendio, se desplaza en todoterreno al lugar de los hechos, usa un mechero o algo similar y a veces es él mismo quien avisa del fuego. O los vecinos. Suele ser un incendiario «en serie».

4.- Quemar por venganza. Dice el comandante Sotoca que no hay muchos casos y, por tanto, la muestra aún es pequeña para poder trazar un perfil más ajustado. Aún así, con lo que hay, el «retrato-robot conductual» es muy parecido al del «sin sentido».

Pero en este caso, está más desadaptado y tiene muy poco contacto social. También tiene antecedentes por este delito.

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