¿Cómo combatir la inflación?

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Álvaro Bañón Irujo, Universidad de Navarra

No está claro aún si el Gobierno en funciones de España mantendrá en 2024 la batería de medidas que ha ido implantando para combatir la inflación. Mejor dicho, las medidas para paliar los efectos de la inflación. No se debe atacar (o intentar atacar) los síntomas, sino la enfermedad.

La inflación consiste, básicamente, en la pérdida del valor del dinero. La frase “antes llenaba el carro del súper con cincuenta euros y ahora no me llega ni para la mitad” es la mejor forma de expresar lo que es la inflación. Subida de precios. O, lo que es lo mismo, el peor de los impuestos para las clases más desfavorecidas porque el impuesto al consumo se aplica por igual a ricos y a pobres.

Todo en economía se explica desde la oferta y la demanda, incluida la inflación. Este episodio de elevada inflación se explica por un crecimiento espectacular de la demanda (las inyecciones de dinero de los bancos centrales, el ahorro embalsado durante el confinamiento) y una reducción, también considerable, de la oferta (los cierres en Asia, los cuellos de botella en la logística, la guerra de Ucrania, la sequía). Así que ha habido más demanda pero también menos oferta. ¿El resultado? El que vende ve que puede pedir más y lo pide. Y se lo pagan. Y sube el precio y se lo siguen pagando.

¿Cómo funcionan las medidas implantadas por los gobiernos?

En el mejor de los casos, las medidas gubernamentales actúan como un placebo. En la mayoría, como combustible para la inflación. Si, por ejemplo, el Gobierno (con un coste enorme) subvenciona cada litro de gasolina a todo el mundo con 0,2 euros lo único que se logra es que esa subvención vaya al que lo vende o al productor.

¿Por qué? Porque, ¿qué hará quien vende la gasolina y ve que se la compran a 2,2 euros el litro si le subvencionan 0,2 euros el litro? ¿Lo bajará a 2? No. Lo mantiene a 2,2 y se lleva la subvención diciendo que el precio sin la subvención sería 2,4. ¿Por qué? Porque la demanda lo aguanta.

Si el Gobierno (con el apoyo de la oposición) baja el IVA de los alimentos (una medida excelente pero no antiinflacionista) pasará lo mismo. Si quien puede vender las naranjas a 3,10 euros el kilo (con un IVA del 10 %), ve que el IVA baja al 5 %, las seguirá vendiendo a 3,10 euros el kilo mientras la demanda aguante, añadiendo ese 5 % a su margen de beneficio.

Por otra parte, es inútil aplicar estas medidas de manera indiscriminada –sin diferenciar rentas– porque muchas veces son contraproducentes. Además, son extremadamente caras. Pero se venden bien, dan titulares amables y hacen ver que las autoridades toman medidas.

¿Cómo combatimos la inflación?

La cuestión es hacer disminuir la demanda y aumentar la oferta. En el lado de la demanda, se necesita que ésta se retraiga y eso solo pasará si se aplican medidas que son como las medicinas antiguas: desagradables y con efectos retardados.

La subida de tipos de interés es la más evidente. Cuando escucho en una cena la frase: “Nos ha subido la cuota de la hipoteca y tendremos que irnos menos días de vacaciones este año”, inmediatamente pienso “desgraciadamente, se trata exactamente de eso”.

Hace falta que los españoles demanden menos ocio, menos aceite de oliva virgen (y se cambien a otro más barato), menos gasolina, menos noches de hotel. Solo así quienes les venden tendrán que competir por su dinero. Solo así bajará (o subirá menos) el precio de los hoteles, los pisos, o la cerveza.

La cuestión es, ¿cómo va a bajar el precio del aceite de oliva en el súper si a este ya le cuesta seis euros? Si el supermercado ve que tiene que bajar el precio para competir porque los consumidores se están pasando al girasol o porque tienen menos capacidad de compra, tendrá que bajar el precio. Y esa bajada irá a toda velocidad hasta el origen de la cadena porque al agricultor el coste de extraer un litro de aceite no le ha subido un 100 % como sí lo ha hecho el precio final.

Hay mucho menos aceite de oliva debido a la sequía y la demanda sigue fuerte. Si el que vende en origen tiene menos producto, y ve que la demanda aguanta subidas de precio, subirá el precio. Sean sus costes los que sean. El precio no bajará hasta que tenga que venderlo compitiendo (no cuando bajen sus costes).

¿Qué se puede hacer con la oferta?

Hace falta mucha más competencia en todos los ámbitos. La labor de los gobiernos debe ser eliminar las barreras de entradas en numerosos mercados. Que entren nuevos oferentes a un mercado preocupa a quienes ya están en él (y por eso se organizan en grupos de presión). Pero eso es lo mejor que le puede pasar a los consumidores. Ya sean nuevos supermercados, bancos o servicios de transporte de viajeros.

Por lo tanto, y para que el precio de alquileres, alimentos o transporte no se dispare, la intervención no es efectiva. Lo que es realmente efectivo es que se eliminen las barreras de entradas y que se permita el aumento de la oferta. Más competencia, más competidores y gente nueva en los mercados.

Álvaro Bañón Irujo, Profesor de Dirección Financiera e Inversiones, Universidad de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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