Sam Altman, habla en el escenario durante TechCrunch Disrupt | Steve Jennings / Getty Images para TechCrunch

Sam Altman y el consejo de administración de OpenAI: caída y regreso de un líder carismático

Altman, de 38 años, también tiene rasgos de líder carismático. Convertido en la cara visible de ChatGPT –y en el rostro defensor de la inteligencia artificial–, su salida provocó el caos en la empresa y en los mercados.

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Gregorio Sánchez Marín, Universidad de Alcalá

El sábado saltó la noticia: Sam Altman, hasta ese momento consejero delegado de OpenAI, la compañía que fundó en 2015 y una de las más avanzadas en el desarrollo de la inteligencia artificial (suyo es el proyecto ChatGPT), había sido despedido por el consejo de administración de su empresa.

El despido le fue anunciado por videoconferencia. Greg Brockman, presidente y también fundador de la compañía, fue el siguiente en ser apartado de su cargo dentro de OpenAI. El argumento del consejo de administración fue la pérdida de confianza en ambos directivos.

Tras conocerse la noticia, los empleados de OpenAI amenazaron con irse (y algunos lo hicieron). Después de cinco días de dimes y diretes, incluido el fichaje de Altman por Microsoft para el desarrollo de su área de IA, acaba de conocerse que, tras las presiones 360⁰ (protestaron los mercados, quiso aprovecharse la competencia, los empleados manifestaron su disgusto), el consejo de administración se echó para atrás y Sam Altman y Greg Brockman están de vuelta en OpenAI. Pero el consejo que lo echó ha quedado fuera.

Complejo y traumático

El despido de un consejero delegado o CEO por parte de su consejo de administración es un proceso complejo y casi siempre traumático para la empresa. El consejo, que tiene la responsabilidad de actuar en el mejor interés de la empresa y de sus accionistas, puede verse abocado a cesarlo por circunstancias que habitualmente implican problemas de rendimiento (pobres resultados financieros o falta de ejecución estratégica), comportamientos ilegales o poco éticos, conflictos de interés, desalineación estratégica o pérdida de confianza.

Hay que tomar en cuenta que la entrada de nuevos socios financieros en la búsqueda de una expansión rápida en los mercados puede ser un arma de doble filo para los fundadores, pues les quita el control mayoritario de la compañía.

Estas decisiones adquieren especial magnitud y tienen potentes consecuencias corporativas cuando a quien se despide es, además del principal directivo, el fundador de la compañía. En 1985 pasó con Steve Jobs y Apple, y esta semana, con Sam Altman y OpenAI. Ambos fueron fulminados de las compañías que fundaron y volvieron a ellas. En el caso de Jobs tuvieron que pasar 12 años (desde 1985 hasta 1997). A Altman le han bastado cinco días después de su cese.

Los dos son ejemplos paradigmáticos de cómo la fortuna de una empresa puede estar estrechamente ligada a la visión y el liderazgo de un fundador altamente carismático. Durante la ausencia de Jobs, Apple tuvo problemas con la innovación de productos y se enfrentó a una creciente competencia. Su vuelta, y su atractiva visión basada en el énfasis en el diseño, la innovación y la búsqueda incesante de la excelencia, contribuyó al resurgimiento y aplastante éxito de Apple.

Liderazgo y carisma

Altman, de 38 años, también tiene rasgos de líder carismático. Convertido en la cara visible de ChatGPT –y en el rostro defensor de la inteligencia artificial–, su salida provocó el caos en la empresa y en los mercados.

Altman es protagonista habitual de los más importantes foros tecnológicos internacionales, en los que se codea con los más altos mandatarios mundiales. El fundador de OpenAI defiende una visión disruptiva de la IA como medio para contribuir a la mejora de la humanidad, apostando por una implantación intensiva y rápida de la misma.

Esta visión chocaba con la del que fue hasta esta semana su consejo de administración, que se decantaba por una implementación más controlada y monitorizada del proceso. De ahí parece surgir el conflicto que llevó al despido de Altman. Su posterior reincorporación –y la destitución de todos los miembros del consejo– parece haber dado la victoria a Altman.

Alineación estratégica

De estos episodios podemos concluir que, en un contexto de fuerte liderazgo, la falta de alineación estratégica entre el CEO-fundador y el consejo de administración suele conllevar pérdidas de confianza que a veces desencadenan decisiones tan drásticas –y, a menudo, excesivamente emocionales– como el despido.

El liderazgo carismático de Jobs y de Altman y el potente impacto de sus respectivas visiones empresariales consiguieron vencer los posicionamientos (más conservadores) de sus consejos. El tiempo dio la razón a la visión estratégica de Jobs. Está por ver qué pasará con la de Altman.

Gregorio Sánchez Marín, Catedrático de Organización de Empresas, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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