Gabriela Bustelo: «Si los extremos se disfrazan de democráticos, el centro deberá tornarse radical en su distanciamiento de ambos»

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Gabriela Bustelo es una de las personas más influyentes en el mundo del liberalismo, o radicalismo liberal, como defiende en sus redes. Escritora y periodista, conocida por sus columnas en otros medios comunicación y recién estrenada en Diario de España con su tribuna Rad Lib.

En 2021 publicó ‘Covidiotas’, donde denuncia el ‘papelón’ de los medios de comunicación y del Gobierno de España durante el confinamiento de la COVID-19. En él, también escribe sobre su ‘troleo’ al estado de alarma.

P: En sus redes sociales defiende de manera constante el liberalismo. ¿Por qué?

R: Entré en la prensa política hace quince años vía el periódico La Razón, donde escribí una columna en la sección de Madrid, y se me quedó un poco la etiqueta derechista. Con Zapatero el periodismo de opinión fue una fiesta y parecía que las columnas casi se escribían solas. Pero fui ‘riverista’ temprana y siempre he creído que el liberalismo me representa. Pero en estos tiempos de bipartidismo desdoblado o de ‘bibloquismo’ defiendo la versión del ultracentrismo o liberalismo radical. Si los extremos se disfrazan de democráticos, el centro deberá tornarse radical en su distanciamiento de ambos.

P: Hace pocos meses se afilió a Ciudadanos. ¿Por qué decidió dar el paso y militar en ese partido?

R: Para responderte a esto acudo a lo que decía Sócrates en su Apología, según Platón: “Quizá encontréis un contrasentido el que me haya pasado la vida exhortando a los ciudadanos en privado y me haya metido en tantos líos, sin haberme atrevido a intervenir en la vida pública ni a participar en las asambleas por el bien de la ciudad”.

P: Cs se encuentra en un proceso profundo de refundación. ¿Qué cree que saldrá de todo esto?

R: Todavía no se sabe nada. En un país donde la democracia interna de los partidos es prácticamente inexistente, es llamativa la valentía de Inés Arrimadas al plantear este proceso de refundación que podría acabar con su propio liderazgo. El portavoz de este equipo de reconstrucción es Guillermo Díaz, que ha dicho que lo único seguro es que Cs seguirá siendo “el partido liberal de España”. Por lo demás, todo está en el aire y todo es posible. En cuanto a mí, soy una recién llegada. Estoy poniendo mi granito de arena en las redes sociales y debo agradecer la generosidad con la que en general se me trata en el entorno del partido.

P: Se está criticando estos últimos días al PP por su apoyo a la Reforma de los Autónomos.

R: España ya está en el top ten europeo de países con impuestos más altos y la cuota de desempleo juvenil es la segunda más alta de Europa, después de la de Grecia. Pero un joven no puede plantearse montar una empresa por esa salvaje cuota de autónomos que anula la creatividad española. Y ahora regresa el viejo estatismo socialista, que se comporta como si el dinero público fuera un maná seudo-mágico que fabrica el Banco de España. En Estados Unidos no hay cuotas de autónomos. Por algo todas las startups, unicornios y empresas punteras emergentes están allí. Así empezaron Apple, Netflix, Twitter y demás. Aquí solo tenemos chiringuitos bipartidistas.

P: Los populares se pelean de forma constante con el PSOE, pero se habla de un posible pacto para renovar el CGPJ, ¿piensa que es populismo y bipartidismo puro?

R: El bipartidismo guerracivilista es incapaz de soltar la tenaza política que acogota al CGPJ. La elección de los doce vocales judiciales del CGPJ la hacían los propios jueces hasta la reforma del LOPJ de 1985. Felipe González usó su mayoría absoluta para blindar la corrupción con leyes orgánicas. El PP, paradójicamente, no se propuso limpiar la corrupción socialista cuando llegó a Moncloa en 1996, sino que estableció una dura competición con el PSOE para ver quién delinque más, quién estafa más, quien roba más. Lo cuenta bien Javier Pradera en “Corrupción política: los costes de la democracia”, confesión póstuma que se publicó en 2014.

P: En cuanto a su último libro, ¿cómo surge la idea de publicarlo?

R: Bueno, yo desde el día uno me propuse trolear el Estado de Alarma de Pedro Sánchez. Creo que la orden fue desproporcionada en cuanto a que era un mazazo contra los derechos y libertades individuales de los ciudadanos españoles. Luego se ha establecido que el Estado de Alarma era inconstitucional. Después se comprobó que las medidas impuestas en nuestro país eran las más severas de Europa siendo las más ineficaces. Eso es un dato incuestionable. Ahora se está viendo que algunos países entonces criticados por sus estrategias contra la pandemia han tenido mejores resultados preventivos y económicos. El libro parte de una anécdota pequeña y familiar. Mis padres estaban en la llamada edad de riesgo y empecé a visitarles todos los días con el pretexto de llevarles una barra de pan. En España, como sucede en Francia, el pan reciente diario es casi una religión gastronómica.  A mi padre le llevaba una barra de pan blanco y a mi madre una integral. Eso me sirvió de salvaconducto cuando me paraba la policía, alguna que otra vez con algún susto considerable.

P: Piensa que la prensa estuvo a la altura ¿o ha habido mucha manipulación?

R: En el libro denuncio el papelón de la prensa española durante los primeros meses de la pandemia. Resultaba chocante que la prensa izquierdista occidental, cabeceras como The New York Times, New Yorker, The Atlantic o The Guardian, criticara ferozmente la gestión de Pedro Sánchez de la crisis sanitaria española, pero que aquí no se pudiera decir nada. Durante aquellos meses dejé de leer la prensa española porque no servía de nada. Recordaba a mi abuelo paterno, que era ingeniero, enganchando cables en los años setenta y ochenta para oír las emisoras francesas y británicas. Daba la sensación de que habíamos regresado a aquellos años de lo que Umbral llamaba el tardo-franquismo.

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